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jueves, 7 de mayo de 2015

El libro de texto a debate

A lo largo de mi vida como estudiante y docente en prácticas he observado las diferentes formas de concebir y desarrollar esta profesión que tenemos los docentes. Para unos la esencia del trabajo docente es la transmisión de contenidos, para otros el objetivo más importante de la enseñanza es el desarrollo de las capacidades, algunos defienden su profesión como medio para el cambio social, otros, por el contrario, como forma de dotar de continuidad a la vida social. Las posibilidades son numerosas. Estas distintas concepciones del papel del enseñante, consecuencia de diferentes visiones sobre los fines de la educación, tienen, sin embargo, en común la idea de que el maestro, el docente en general, es un profesional que necesita disponer de autonomía para desarrollar su trabajo. No nos ponemos de acuerdo en qué es lo más importante de nuestro cometido, pero consideramos obvio que para desarrollarlo necesitamos ser profesionales y disponer de autonomía.

En este sentido, el de la autonomía docente entra en juego los libros de texto como base didáctica del proceso de enseñanza-aprendizaje. Es más, incluso estimo que los análisis que se realizan del mismo van encaminados a la necesidad de asegurar su continuidad en la profesión docente. Desde mi punto de vista, debería constituir un recurso guía para el docente sobre el cual pueda apoyarse o buscar referentes de manera puntual, nunca como material que homogeneiza una enseñanza. Todos los alumnos tienen que tener el estilo y el ritmo de aprendizaje estipulado por los criterios de selección de las actividades del libro de texto. Es por tanto un elemento segregador.

"El profesor puede utilizar como ayuda muchos recursos que siente necesarios, pero la dependencia de los medios estructuradores de la práctica es un motivo de descualificación técnica en su actuación profesional....Es, en definitiva, lo que ocurre con los propios libros de texto: no son solamente recursos para ser usados por el profesor y los alumnos, sino que pasan a ser los verdaderos vertebradores de la práctica pedagógica" (1988, pag. 187).

Asimismo, dificulta el trabajo colaborativo en el centro educativo puesto que la flexibilidad en el contenido es prácticamente nula y las metodologías totalmente tradicionales en las que la interacción no tiene cabida.
"Los materiales curriculares que se utilizan pueden dificultar o impedir la colaboración profesional si sus propuestas son demasiado cerradas, y hacer innecesario que los equipos docentes, ciclos o departamentos se reúnan para llegar a acuerdos. Es preciso, por tanto, que desde las agencias que elaboran estos materiales se tomen medidas para que contengan propuestas que permitan, incluso aconsejen, el trabajo colaborativo de los profesores que los utilizan en sus aulas." (A. López Hernández, 2007, pag.167)

Como conclusión, me gustaría destacar que a mi parecer, y siempre que las circunstancias personales y contextuales me lo permitan, trabajaré con el libro de texto como guía o referente puntual que no condicione mi autonomía ni mi competencia creativa como docente.
Parto de la hipótesis de que el profesorado posee unas expectativas respecto a lo que el uso de los textos puede proporcionarle en relación con su labor docente. Estas expectativas potencian la utilización de los libros de texto, utilización que posteriormente causa unos efectos no previstos ni deseados: la pérdida de la autonomía profesional. (J. Martínez Bonafé, 1991)

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